No hay mar que por bien no venga

Pablito me ha dicho esta frase esta mañana en las Palmas.

Me pasa eso constantemente, me levanto en una isla y me acuesto en una ciudad, y vuelta a volar.

Llevo conmigo 2 meses de duelo como una capa de súper heroína al rescate. Me pesa como los párpados con 3 copas de vino y una conversación sobre motores.

No hay nada como creer que no puedes para no querer. Me duelen las manos de apretarlas de noche. La mandíbula tensa que no se permite morder.

Siento que todo es tan injusto que ni puedo argumentar en contra. Menudas mierdas suelta la gente cuando ya lo ha pasado todo.

Mi amiga Elena dice “Y te ríes porque ya lo has llorado antes” y pasa por encima de una fase larguisima en una fracción de segundo. Joder que bola de plomo en el pecho, que desesperanza.

Hesse dice “La soledad era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en el que se mueven las estrellas.”

Estoy deseando estar tranquila en esta mi soledad de estrellas. Abro todas las puertas para dejar un hueco enorme a ese sosiego de nubes y algodón.

Estoy lista. Ven cuando quieras y quédate cerca, tan cerca que dentro y siempre, calma..

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