Cruzar el Atlántico a vela…

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Anoche llegamos a Azores. Entrada al puerto de Horta a las 21h.

Salimos de Panamá el 18 de Abril. Llevamos casi 2 meses de viaje y aún nos queda la travesía hasta la península.

Han sido 28 días con sus noches de calma y tormenta. 3070 millas desde la última vez que pisamos tierra firme, llenándonos de arena los dedos de los pies. La isla se llamaba Acklins, en Bahamas. Saltamos al agua y una barracuda de metro y medio nos escoltó de vuelta a la popa. Cuando se aburrió de esperar nadamos a la orilla y vimos un águila pescadora oteando la ensenada mientras recogíamos un tesoro en un cementerio de conchas.
Después zarpamos con más alegría que ganas y solo agua, agua y agua durante casi un mes.
Vinieron los delfines casi cada día, también dos ballenas oscuras que escupían agua por el lomo un día y al siguiente una gris o blanca a lo lejos en nuestra proa quieta como esperándonos para lanzarnos al espacio.
También vimos flotando una silla blanca de jardín y una pelota de fútbol quemada por el sol pero inflada todavía.
Vimos aves casi todo el camino, así que no fue gran evento cuando, 30 millas antes de ver tierra, aparecieron en bandadas para recordarnos lo poco que faltaba.
Se cruzaban a veces los cargueros enormes tan rápidos como aviones que dejaban una estela de olas que nos zarandeaba durante horas.
Pescamos un dorado gigantesco que nos duró una semana. Fue en una calma, llevábamos parados dos días a 200 millas de Bahamas, en un mar de cristal como una balsa de aceite, ningún pez picaba el anzuelo y dos dorados se paseaban por la popa hasta que zass! con el arpón, le subimos a bordo pegando cabezazos y llenándolo todo de brillante escarlata.
Después el día en el que veíamos cosas flotando que parecían fardos cubiertos de verdín. Uno de estos bultos sacó una cabeza y con un gesto apático y medio aburrido nos miró de frente durante unos segundos: tortugas! muchísimas tortugas flotando durmientes a la deriva.
Aquella noche tuvimos una tormenta enorme y se rompió el stay de trinqueta, casi perdemos la vela y el capitán tuvo que ir hasta la proa para recuperarla con la linea de vida y el barco sumergiéndose en las olas.
Al pasar de largo Bermudas, dejamos de dormir fuera, aun con mantas y abrigados se nos congelaba la nariz y los dedos de los pies. Estábamos en mitad del Atlántico!
Hacíamos montañas de palomitas y veíamos películas o jugábamos al ajedrez y las cartas. Leíamos, muchísimo…y escribíamos cada tres días a nuestra familia en tierra a través del teléfono satelital.
Nos llegaban sus mensajes como globos llenos de serpentinas, acompañándonos.
Amigos navegantes nos enviaban los partes de meteo y mensajes de ánimo, pasaban los días: agua, agua, agua por todas partes, olas rizadas y desordenabas que lo sacudían todo, viento soplando en contra, nosotros avanzando en zig zag, unas pocas millas al día en la buena dirección…
Después empezamos a ver, a media tarde, aún con el sol a tres saltos de las nubes más bajas, justo entrente, como retándole: la luna. Una luna inmensa que gritaba TODO ES POSIBLE!!!Un universo donde caben la luna y el sol en un mismo horizonte…
Y el mar se amansaba, el viento nos daba un respiro y empujaba suave el spi, la vela rojiblanca (parece un paracaídas) que subíamos cuando había apenas una brisa.
Entonces volvían los delfines, y el capitán soplaba 37 velas y comíamos pastel de queso.
Un día intenté hacer pan y me salió un arma letal, se lo comieron los peces.
El barco se zarandeaba y hacíamos quesadillas y sopa de sobre mientras guardábamos equilibrio entre las cabezadas de mulo.
Pero pasaban los días y cada vez más cerca. Nos inventábamos menús para celebrar nuestra llegada: plato de embutidos ibéricos y quesos curados, pan de hogaza, solomillos al roquefort, cazuela de almejas, boquerones en vinagre, patatas bravas, gambas al ajillo….Se nos hacía la boca agua y seguíamos citando todos los platos que pediríamos al llegar en el famoso ¨Bar de Peter¨, en Horta, la isla de Faial, Azores. Es el bar donde se reúnen los navegantes que llegan de cruzar el atlántico, gentes de mar que llevan semanas y meses sin tomarse una cerveza fresca con una buena tapa en tierra firme. Escriben el nombre de su barco en un mural enorme y dibujan a los delfines o ballenas que acompañaron su travesía.
Aquí estamos, con ganas de contar toda esta experiencia y de llegar a España donde poder caer rendidos en brazos de nuestras mamás…
Hemos echo un video para compartir nuestra aventura. Espero que os guste, por supuesto, está incompleto, aún falta la travesía hasta Cartagena, Murcia, de donde, hace 5 años, salió el Moskito a descubrir la vida en el mar.
Un abrazo!

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DCIM100GOPROGOPR1996.

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