Vivo en un barco

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Vivo en un barco
Me despierto varias veces cada noche para cerrar los portillos cuando llueve y mirar que el viento no me arrastre el ancla y acabe encima de otro velero o varada en la playa.

Vivo en un espacio de 12x4m que se está moviendo constantemente.
A veces casi no se nota, otras se tambalea tanto que no puedo cortar un tomate.

Vivo en un velero y toda la energía que usamos viene de dos placas solares y un aerogenerador.

A veces no hay sol.
A veces no hay viento.

Entonces tenemos que encender el motor para cargar las baterías.

El motor hace un ruido espantoso que no te deja dormir.

Vivo en la barriga de una ballena, el agua por todas partes a la altura de mis caderas cuando estoy de pie en el interior.
A veces saltan manta rayas tan cerca que puedo tocarlas. Siempre saltan dos veces. Cuando te pierdes la primera siempre puedes alcanzar a ver la segunda.

Vivo en una cáscara de nuez.
Recogemos lluvia con un toldo que ha cosido el capitán con su máquina de hacer velas.
El toldo recoge la lluvia y la envía a los depósitos con unas mangueras.
En total nos caben 500litros.

El agua del depósito la filtramos para beberla con un filtro de cerámica que gotea despacito.

Nos duchamos con agua de mar y nos damos al final un poco con agua dulce para no dormir salados siempre.

Lavo la ropa en el mar y la tiendo cuando llueve para que se endulce.
Luego dormirnos en sábanas de lluvia.
Sus calzoncillos huelen a lluvia.
Si usara bragas también olerían a lluvia.

Cocino en dos hornillos a gas en un espacio muy reducido con una ventana que da al agua.

Casi todos los días comemos pescado. Muchas veces langosta y otras, pulpo.
Los traen los indios kuna en sus cayucos de madera y nos lo cambian por arroz, lentejas o algunos dólares.

Una vez por semana, cuando hace buen tiempo, vienen unas lanchas con frutas y verduras. Es una fiesta cuando traen huevos. Es Navidad cuando comemos pollo.

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El capitán tiene un arpón y bucea hasta que pesca nuestra comida cuando los indios kuna están celebrando.

Cada vez que a una muchacha kuna le viene su primer periodo, toda la comunidad está de fiesta durante 5 días.
Los chamanes preparan una bebida que se llama “chicha fuerte” con unas hierbas de la montaña que fermentan durante 3 días.

Luego todos están borrachos, menos la niña que celebra.
Esos días nadie trabaja, no hay langostas ni transporte y sólo sabes que siguen ahí por que suenan sus cambombias cuando hay tormenta.

La tormenta más conocida en la región de kuna yala se llama culo de pollo.
Creo que ya he contado lo que es un culo de pollo pero cabe recordar que puede llegar a 60 nudos de viento y los barcos se arrastran los unos contra los otros y algunos acaban en la playa o en los arrecifes.

Vivo en un barco, tiene 41 pies y se llama Moskito valiente.
En kuna se dice “gui buled”

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Nuestro baño es la popa del barco, nos lavamos los dientes y la luna es nuestra farola. Hacemos pipí agarrándonos y sacando el culo hacia el agua.

Por las noches elegimos una estrella y la colocamos bien brillante en lo alto del mástil para que los otros barcos nos sitúen.
Ellos también colocan su estrella, la llaman “luz de fondeo”

A veces viene gente a bordo, unas veces son amigos y vienen cargados de cosas, entonces es una alegría por que hacemos todo juntos y compartimos nuestra vida de mar.

Otras veces, las que más, vienen turistas, entonces también es una alegría por que gracias a ese dinero podemos seguir viviendo esta vida de sueño.
Cuando vienen turistas les hacemos la comida y les enseñamos las islas, estamos todo el día y toda la noche pendientes de que no les falte nada.
El capitán se los lleva a pescar y luego limpia el pescado en la popa y hacen muchas fotos.

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Siempre hacen muchas fotos, sobre todo saltando del barco.
A los turistas les encanta saltar y hacerse fotos.

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Son casi todos holandeses.
Los holandeses son los más altos del mundo.
Los kunas, después de los pigmeos, los más bajitos.
Cuando les enseñamos las islas nos hace mucha gracia ver a los holandeses al lado de los kunas, intentando comunicarse.

La gente nos pregunta que echamos de menos de vivir en tierra.
El capitán dice que su familia. Sobre todo la paella de su abuela.
Yo digo que la cultura. Sobre todo ir
al teatro.

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Antes de vivir en el barco no sabía cocinar.
No sabía limpiar el pescado y me ponía muy nerviosa sólo el imaginarme tener que matar para comer.
Cuando le clavo el cuchillo a la langosta le pido perdón perdón perdón, en voz alta, para que me oiga bien.
No me gusta echarlas vivas en el agua hirviendo por que se retuercen y chillan y me da muchísima pena.

Pero me siento mejor sabiendo de donde viene mi alimento.

Doy gracias, todo el tiempo, a la tierra y al mar por alimentarme con tanta armonía.

Vivo en un barco y aprendo cada día algo nuevo, cada día.

No tenemos electricista ni fontanero ni carpintero ni ningún especialista en ninguna de las cosas que se rompen o estropean a bordo.

Si algo se rompe, se arregla, y si no se puede, pues entonces lo compramos a EEUU o España y esperamos varios meses hasta que nos llega.
Ahora se ha roto el molinete del ancla. Es el motor que levanta la cadena y el ancla.
40 metros de cadena pesan más de 200kg…

El mes pasado fue la nevera, menos mal que tenemos una auxiliar muy pequeña donde metemos la cerveza y los vegetales en un tetris que nos permita ofrecer el mismo servicio premium en nuestros charter.

Desde que vivo en el barco no me imagino una vida en tierra.
A veces me dan ganas de salir de aquí y me voy a las islas a dar vueltas caminando y parezco una loca.
Veo a más gente haciendo lo mismo, me río.
La gente del mar ha perdido el sentido del ridículo, todos vamos con el pelo encrespado y quemado del sol y la cara llena de arrugas.
Y una sonrisa tan grande como un océano.
Hay gente que lleva viviendo así más de 30 años.
Muchos han dado la vuelta al mundo, algunos, más de 5 veces…

Puedes ver en sus pies que no han llevado zapatos ni caminado por asfalto en mucho tiempo.
Los dedos se separan para poder agarrarse a la tierra y a la madera.
Son piratas sin edad y sus banderas son de cualquier lugar del mundo.

Cuando toco el dinero siento que su valor ha cambiado mucho para mi, muchísimo, ahora siento que es un papel que cambio por mi tiempo y lo puedo volver a cambiar por cualquier cosa que necesite.

Mi tiempo es tan valioso como aquello por lo que canjeo ese papel, por eso escojo muy bien por cuánto cambio mi tiempo y por cuánto papel cambio lo que necesito.

Y me pregunto siempre si realmente lo necesito.

Y casi siempre me respondo NO, porque ya no necesito nada más que lo que tengo, unas pocas ideas, algo de comer y el abrazo de esta ola de mar que es mi hombre, mi capitán.

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Yo le llamo mi Anai por que Anai significa “amigo” en el idioma de los indios kuna.
Me gusta llamarle mi Anai por que lo único que me pide es mi complicidad y no esos inventos de la exclusividad y la cárcel de corazones.
Me da y me da más de lo que jamás podré almacenar entre estas costillas.

Y por eso le sonrío todos los días.
Por que vivo en su casa, que es su barco y su hogar y también el mío, y el de todos los que vengan.

Así que ya sabes, bienvenid@ a bordo, cuándo llegas?

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