En el límite del bien y del mar

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Cuando hacemos travesías así de largas se me confunden los días. Parecen todos iguales.
Recuerdo el día de zarpe, sobre todo cuando nos vamos de un sitio donde hemos sido un poquito felices, ay! cuando nos alejamos despacio de Isla mujeres y el mar hacia Cancún estaba azulísimo y todos esos recuerdos amontonados de la navegación a Holbox, los españoles por el mundo, el olor a tacos y chile, la mota con rastas, el optimismo de Albert y sus fotos, el guacamole, el tiburón ballena y las mantas diablo, la carretera por Yucatán y los locales bajo la lluvia, las chelas y nachos, Tulum y la cabaña junto a la playa donde vino Anai a rescatarme con su pelao de capitán punk…

Adiós, México!!!

Nuevas aventuras nos esperan de camino a Guatemala en esta travesía que no acaba nunca, llevamos 6 días de ola, corriente en contra y viento fuerte, estamos a la altura de Belize y se ven islas de selva, nubes con forma de oasis y ningún velero.

Tuvimos el día de los delfines salvajes enormes que navegaron pegaditos a la proa aprovechando el impulso del barco para dejarse empujar…
Y otro día fue el que pescamos un atún brillante que tiró fuerte fuerte del hilo y al sacarlo wow! Que color eléctrico! que sacudidas daba hasta que se soltó del anzuelo y se quedó dormidísimo…

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Al rato, cuando lo estábamos limpiando empezó una borrasca y tuvimos que dejarlo a medias para maniobrar y cayó la sangre de atún roja rojisima por toda la superficie blanca de la bañera y el capitán con las manos ensangrentadas al timón y se nos enganchó un cabo del génova y no podíamos enrollarla y llovía fuerte y barco escorado y la vela dando golpes y Anai tuvo que irse a la proa desnudito que estaba y con las manos rojisimas a desatar el cabo y parecía una película de hichcock hasta que pasó la tormenta y se calmó todo un poco y pudimos baldear la sangre con agua salada y guardar el atún para el día siguiente.

Y si, el día siguiente lo recuerdo por que el capitán cocinó el atún plas-plas a la sartén con un poco de aceite de oliva, sal gorda y pimienta mmmm y un lomito lo dejó crudo y lo mojamos soja y wasabi y decíamos “gracias mar, gracias pez” por que lo vimos morir y su sangre estuvo por todas partes antes de que fuera alimento y pudiéramos tragarlo.

Es grandioso ver de donde viene tu comida, recibirla de la naturaleza y agradecerla.

El resto de los días son un mece-mece constante en duerme vela, algo de lectura, un par de películas y un montón de invenciones de futuro que nacen mirando la luna con forma de uña y la nada que nos envuelve.
Sólo el y yo y el viento que aúlla nuevos nombres a todas las cosas conocidas, y el mar moviéndonos, tan juntos que parecemos un cuerpo, un latido para eso del frío y la soledad…

Dónde esta el límite de los sueños? Dónde empieza la realidad a arañar donde duele mientras una parte de ti sigue creyendo que esta otra vida es posible?
Aunque haya cosas que no estén bien, como lo de dejar morir al pez en su estertor mientas calentamos la sartén…
Como lo de la familia tan lejos y la burbuja de exilio voluntario….

No quiero saber, si por mi fuera viviría ignorante de lo que sucede allí, más allá de estos límites…

Miraría sólo tus ojos color palmera de wasabi para saber que todo está bien, que no hace falta nada más…

Nada más que el bien y el mar…

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