Holbox

Foto de Dalia Vicente

Diario de a bordo:
Hemos llegado a Holbox, es una islita alargada junto a la península de Yucatán. Está justo donde el golfo de México y el mar Caribe se hacen cosquillas.
El capitán prepara limonada, es la hora exacta de la brisa y el flamenco bajito.
Albert Y Naiara leen, Dalia captura momentos en su máquina del tiempo. Llueve y esta tarde nos duchamos en cubierta con agua del cielo y nos llenamos los bolsillos y los depósitos.

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Después de veintitantos días fondeados en Isla Mujeres, aventuras de mochileo, buses nocturnos, cenotes y bicicleta acabamos por amontonarnos con todos los españoles de la Isla intentando hacer una torre de babel tan grande que nos llevara a casa por un momento. Paellada en casa de una mamá super funky, un papa rasta-man y dos niñas de luz.

paella

Y a navegar…
Hemos sido 8 personas a bordo: 6 mujeres, Albert y el capitán.
Si, Albert, mi amigo catalán del Black Tip en Perhentians.

albert y yo

Me dijo “estoy en California, pelando gambas en la montaña, voy a verte, vuelo a Cancún el 26”. Y vino, me dijo que llevaba sin tocar a una mujer tres meses y le llené el barco de españolas y argentinas habitantes intermitentes en México que invadieron rápidamente su camarote con olor a gambas.

Navegamos en dirección a Holbox con la intención de pasar a saludar al tiburón ballena, que según nos habían dicho estaría esperándonos por el camino.
3 de las chicas entraron en baja inmediata por mareo. El resto gritábamos y nos movíamos por cubierta ¡Delfines!¡Delfines nadando en la proa! ¡Una tortuga! ¡Otra, mira, otra tortuga , la ves?!

foto de Albert Pujol

Y de repente. Silencio. Desde cubierta mirábamos ansiosos unas sombras que nadaban a nuestro alrededor cuando llevábamos unas 4h de navegación
¡Es el tiburón!
¡Que va, es una manta!
¡Noooo es un tiburón pero de los malos!
¡Es el tiburón ballena, seguro!
Y las vimos.
Eran muchas.
Eran mantas diablo. Gigantes.

manta diablo

Pregunté “¿Son peligrosas?” El capi me dijo “No, si quieres puedes saltar”.                                       Miré a Albert, Albert me miró, nos pusimos las máscaras y las aletas. Saltamos. Las olas nos alejaban del barco, todas las chicas (incluso las que estaban mareadísimas) miraban por estribor como nos zambullíamos en ese mar abierto lleno de olas y bichos sumergidos.

Leía en los ojos del capitán “Dale, valiente”
Vi a una, desde la superficie. Cerca. creí que iba en dirección contraria y la seguí, la visibilidad bajo el agua era de un metro, nadé hacia ella con la intención de seguirla desde atrás y de repente vi su boca enorme y abierta a medio metro de mis ojos desorbitados. Vi los peces que nadaban bajo su vientre blanco, vi la abertura de su boca y sus alas desplegadas que abarcaban al menos 4m, intenté maniobrar hacia mi izquierda con la intención de dejarla pasar y como si alguien agitara un pañuelo de seda se deslizó por debajo mía y pude ver su cuerpo completo hundiéndose, alejándose.

diablo

De la emoción tragué agua y saqué la cabeza intentando gritar “Habéis visto!? HABÉIS VISTO!? LA TENÍA JUSTO ENFRENTE, JUSTO ENFRENTE!” Albert me dijo “Lo he visto, lo he visto, justo enfrente, madre mía, justo enfrente” y nadamos de vuelta al barco. No podía dejar de gritar “JUSTO ENFRENTE!” y el capi me dio un abrazo gigante y apretado y me dijo bajito “Que miedo, estaba tan cerca, estabas nadando hacia ella y ella hacia ti, valiente, valiente”
Y seguimos navegando, las mantas fueron sorpresa pero buscábamos el tiburón ballena y empezamos a ver una aleta grande.

Demasiado grande.

Una sombra enorme, tan grande como el Moskito, que se quedó quieto bajo mi mando para que el capi saltara al agua para verla de cerca: Un tiburón ballena de al menos 12m, una aleta más grande que el alto de mi capitán, que se quedó nadando junto a ella hasta que el bicho se alejó y el regresó al barco, con el corazón de corbata.

El dice que después de 5 años navegando por el mundo ha perdido ese pálpito del principio cuando veía la fauna del mar, pero yo lo vi en sus ojos, la emoción, la primera vez que nadó con el pez más grande conocido. La víspera de su cumpleaños. Le dije “Felicidades, capitán, este regalo vino sin envolver” Y se hizo de noche…

Foto Albert Pujol

Ahora esta isla es un manto de lluvia, ha llegado un frente frío y aquí limonada y bulerías.
Me encanta llegar a sitios nuevos, estar en casa e ir mudándome constantemente. Estar aquí y en el siguiente puerto, ciega devota del mar, gitana con casa de caracol.

Las sorpresas del mar y la vida de las visitas. Estoy contenta, amigos.
Paz!!!

Foto de Dalia Vicente

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