Saudade, mamá

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Yo empezé este blog cuando estaba en Vietnam y echaba de menos tanto tantísimo el abrazo de mi madre.
Quien la conoce sabe que mamabego da unos abrazos! Que abrazos!
Y allí en Ho chi Ming creé este blog y escribí esparciendo mi nostalgia en el teclado y me derramé entera aún a riesgo de parecer débil.
Aún a riesgo de serlo.

No se que tiene la distancia que a veces me falta una palabra en castellano para definir todo esto que me abruma.
Saudade, en portugués.
Eso es lo desayuno y sueño aquí en el Caribe hoy.
Pura saudade.
Y es de nuevo de su abrazo de loba.
Sabes, mamá? A veces creo entenderlo todo, comprender cosas que aprendí contigo o sin ti en estos caminos que me voy trazando.
Intento ser cada día más tolerante, esta coctelera de culturas y comportamientos a veces se agita tanto que pierdo las raíces.
Comprendo el lenguaje que hace a la gente escuchar lo que digo y a veces incluso parece que lo hago mío, sabes? Ese lenguaje desde la empatía, desde el amor.

Pero luego llega ese gigante enorme, el miedo, el miedo de ser rechazado, el miedo a quedar demasiado expuesto, el vértigo, el vacío.
Y lo arrasa todo, lo desordena y entonces, si estoy cansada y dejo que entre, se instala y se convierte en tristeza.
Es tan fácil.
Como me despiste un poco…bam!
Esa puta.
La tristeza.
Los voladores los llamas tu mamá, yo los siento gigantes batiendo llamas, incendiandome toda.

Tengo tantas ganas de verte,
que bien, falta tan poco….

Me encanta tu perspectiva, tu manera de hacerlo todo ligero sin mirar hacia otro lado.
Tu manera de convertirlo en música, en salud, tu sonrisa de niña traviesa, tu risa, ay tu risa mamá, como la extraño.

Sabes? Cómo el Moskito llegará probablemente a Cuba más tarde cogeré un avión para estar cuando tu llegues, para recibirte.
Para pasear la Habana juntas, para bailar y caminar juntas, para abrazarte tanto que se me recomponga toda esta saudade con el olor de tus rizos.
Que me des de todas medicinas esas tuyas y tus yerbas y tus manos para que yo me cure de esta pena de ser libre, que a veces es de una dimensión insoportable.

Se qué no estoy perdida por que no busco nada.
O quizás si, la búsqueda de la belleza, la captura instantánea de la belleza, como si estuviera en peligro de extinción y me hubiese retado a buscarla en cualquier rincón para preservarla. Eternamente.
Se que soy libre, lo sé por que lo siento en mis pies descalzos y en mis ojos, que son capaces de mirar en cualquier dirección, que son capaces de mirar dentro de los demás. Que al primer golpe de vista, cada rostro te dice su verdad, y tu dices la tuya.
O la vomita: “Esto es lo que soy, buaj.” Y lo sueltan así, o te descubres soltándolo tu, como una arcada.

Otras veces es suave, parece hasta un gesto tierno, “soy esto, mírame”

Lo se
A veces es sólo soledad.
La libertad en esa forma.
La soledad.

” “Soy libre” me digo. Cierro los ojos, y durante unos instantes pienso que soy libre. Pero no acabo de entender que significa. En estos momentos, lo único que tengo claro es que estoy solo. Solo en una tierra desconocida. Como un explorador solitario que hubiere perdido la brújula y el mapa. Consistirá en eso la libertad?
Ni siquiera lo se….”
Murakami

Bueno, mamá…
Te espero…
Aprendiendo.
Te kele

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