Chichimé

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Quise convertirme en pirata
Llegué en cinco aviones y tres días de viaje a un velero valiente y me pico un Moskito que más que insecto era ser volador o (s)alado.

Me encontré un tesoro, brillaba y brillaba y cuanto más lo miraba más ligero me sucedía todo.

Había barcos como hogares diminutos donde estar en casa era solo estar en el mar y dejarse mecer por las olas.

Islas como caparazones de tortugas donde esconder la cabeza y sentirse a salvo

Viajo y viajo y mi libro de naufragios sigue vacío.
Me cruzo con aventureros y sedentarios, con conformistas y luchadores, con gente que ha dado la vuelta al mundo y otra que ha visto mil amaneceres siempre en estas mismas islas preciosas.

Bebo cerveza caliente en esta arena blanca con gente que quiere volver y no sabe a donde, que quiere volver, a cualquier parte.
Gente que mira solo hacia adelante, como gigantes sin melancolía que caminan a zancadas, devorandose la tierra, abrazándola con los dientes.

Otras veces nos visitan en el barco personas (no cualquier persona, personas decentes, es decir, con inquietudes y resignaciones) que llevan carteles luminosos en sus frentes que dicen que fantasean con nadar desnudos y despiertan buscando su ropa en los pliegues del sueño, en las babas que restan sus ganas de sentir un poco más haciendo cada vez menos.

Me arañan sus tecnologías, sus pastillas invaden este navío, pastillas para dormir, pastillas para andar despierto, pastillas para ver o dejar de ver, como navegado en contra del viento
cuanto más recursos
menos .

Hablo de mirar.
De mirar hacia adentro
De curar desde dentro
De creer que menos es menos
sin más.
De apreciar esto que esta sucediendo ahora, que el cambio llegue ligero y se quede cuanto quiera, eres bienvenido, avísame sin necesitas velas.

En este barco se despliegan fácil, la preocupación por la victoria se reduce al éxito culinario, es más, ni siquiera preocupación es este desorden de sartenes y ollas que convierten el Moskito en una cacharreria de langosta y ceviche.

Mirala, una línea imaginaria entre los que llegan y se van y estos que somos los que guardan y se quedan, imagina un ojo de buey en el pensamiento y un salto, muy alto, hacia donde se encuentran los que saben que son todo lo que quieren y el resto, un circo.
Imagina que esa línea que es abismo y frontera sea un puente, yo te invito a ver este mundo, que es un otro, y que llene de estrellas fugaces tu rigidez de urbe organizada.

Imagina, quién sabe, que un día, cruzando un paso de peatones te detengas sin prisa a observar que pasa sí esperas a que vuelva a ponerse en rojo y luego en verde y luego en rojo y luego en verde y así hasta que no quede gente, como si fuera un aseo de un barco y una palanca de la cruz al aspa, del aspa a la cruz y así hasta que todo se evacue, que se marchen todos, que se apague el día.

Imagina, por último, este inmenso mar, estas palmeras, estas ganas que brotan desde ese lugar desconocido, donde habitan los deseos.

Fantasea que sueñas y no tienes que volver a fantasear, que despiertas y tu sueño sigue ahí, y duermes y raspas las nubes y sigues ahí, donde sueñas que imaginas.

Duerme, siente el sueño,es eso que sucede mientras tratas de poner orden a esto que brinca tan dentro.

Así, tal vez, imagines o no, despierto o durmiendo, serán, algún día, el mismo sueño, la misma línea en equilibrio sobre la que nos balanceamos todos, unos conscientes del suelo y otros, del mar.

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